En el año 2021 realicé un viaje fotográfico a Bosnia, Montenegro y parte de Croacia. Fueron unos días preciosos y donde disfruté mucho del viaje, los paisajes, la cultura y la historia. En especial me impactó Sarajevo, una ciudad a la que en ese mismo viaje decidí que volvería.
Por ello cuando este año mis colegas Rober y Sergio organizaron este nuevo tour, no lo dudé y me apunté. Algún amigo me decía que por qué volvía cuando hay tantos sitios en el mundo por descubrir. Y mi respuesta fue ¿por qué hay que ver algo nuevo, si algo conocido tiene aun mucho que enseñarnos? Y desde luego que Bosnia, y en especial Sarajevo aun tienen mucho que mostrar.
Espero que estas ganas que tenía por regresar se reflejen en lo que aquí os cuento; o al menos eso pretendo porque a continuación está un breve resumen de lo que he visto, sentido y descubierto en esta nueva visita. Y como siempre que realizo este tipo de viajes, voy a acompañarlo de esas canciones que me sugieren los momentos vividos y que de algún modo reflejan esos sentimientos. ¡Arranquemos!
Inicio de nuestro viaje fotográfico a Bosnia:
Por una vez fui previsor y dejé la maleta preparada de víspera. Tocaba madrugar para ir al aeropuerto donde nos juntaríamos la mayor parte del grupo que iniciábamos este viaje, y no era plan hacer la maleta con prisas matutinas. Seguro que me hubiera dejado algo más que el dinero, que es justo lo que me pasó. Pero para algo están los cajeros en el aeropuerto.
Esta ansiedad por iniciar este viaje mix de fotografía y turismo, además de las ganas por conocer a los compañeros me traen a la mente este tema mítico de la orquesta Mondragón, «viaje con nosotros». Con él arrancamos esta banda sonora del nuestro viaje fotográfico a Bosnia.
En el vuelo que era de apenas 2h y media, el piloto parecía recrearse con los que estábamos sentados en la parte derecha del avión. Varias notificaciones del tipo «aquellos que estéis en la parte izquierda del vuelo podréis ver las islas de Córcega y Cerdeña», y más adelante continuar con un «os informo a aquellos que estéis por la izquierda que estamos sobrevolando el casco histórico de Dubrovnik». ¿Lo hacía a propósito?
Pues si, llegamos al aeropuerto de Dubrovnik, una ciudad preciosa pero que no visitaríamos en este viaje. Realmente no se si merece la pena hacerlo; da pena que algo tan bonito esté tan masificado. Hoy en día ir a verla es traumatizarte por no ver más que gente y gente en tropel que no te deja disfrutar de la ciudad.
Volvamos a nuestro viaje. Como decía, llegamos al aeropuerto donde nos juntamos con quienes venían desde Barcelona. Tocaba hacer las presentaciones del grupo y aprovechar para comer algo antes de subirnos al autobús con destino a Neum, primera parada de nuestro recorrido. Para quien nos viera allí parecíamos una pandilla de universitarios hambrientos arrasando con los bocatas de la cafetería; tan solo la edad nos delataba.
Por cierto, y como ya es costumbre en nuestros viajes, no estábamos todos los previstos. Si en nuestra anterior visita a los Balcanes Francisco perdió el vuelo, o en Vietnam tuvimos a un deportado, en esta ocasión también nos faltó un viajero. Pero esta vez nos lo había avisado con tiempo, y ya era conocido por «la organización». Un punto de tranquilidad para Sergio al tener cumplido esta tradición de perder a alguien, pero esta vez sin el trauma de que fuera durante el viaje.
Neum: la única localidad Bosnia con salida al mar.
Tras un trayecto de unas 3 horitas en bus donde pudimos vislumbrar Dubrovnik desde la carretera, su puerto y el «oldtown» llegamos a nuestra primera parada, Neum. El viaje no se hizo pesado porque los paisajes de esta zona son una auténtica maravilla y pudimos disfrutarlos aunque fuera desde la carretera. Yo aproveché para calentar con la cámara y disparé un puñado de fotos por la ventanilla; todas desechadas. Y nuestro tour líder, Sergio, aprovechó para presentar más en detalle los objetivos del viaje, nos dio las primeras informaciones sobre el país y nos comentó un reto que tendría por delante, el chofer del autobús que nos acompañaría durante todo el viaje no hablaba ni castellano ni inglés. ¡Viva la conversación por gestos!
Ya en este primer destino hicimos el checkin en un hotelito mono y donde nos citaron a las 7:15 de la tarde para cenar; tuvieron muy poca flexibilidad en la gestión horaria, por lo que apenas teníamos una horita libre. Aprovechamos para pasear y descubrir la ciudad bajando hasta la playa cámara en mano.
Tras este primer calentamiento volvimos al hotel para la cena. Un buffet justito pero nutritivo y con muy buen pescado. Aprovechamos también para escoger el menú para la cena del día siguiente en Mostar; requisito necesario y que tendría pequeñas consecuencias posteriores.
Tras alimentarnos saludablemente, vuelta a pasear y seguir donde lo habíamos dejado previamente. Solo que esta vez sería ya de noche, lo que nos obligó a hacer fotos con muy baja iluminación. No está mal; lo más complicado fotográficamente hablando (en mi opinión) como es la foto nocturna, y nos poníamos a ello en el primer día. No salió mal del todo.
Finalizamos este recorrido tomando algo en el paseo marítimo con una agradable charla antes de volver al hotel. Al llegar y organizar el horario del desayuno nos citaron para las 7:15 am. ¡Vaya casualidad!
Y como esta coincidencia no puede dejarse sin documentar musicalmente, que mejor que el tema «les 7 i quart» de Blaumunt; solo por el título se merece un hueco en esta banda sonora de nuestro viaje fotográfico a Bosnia.
Međugorje, la parada religiosa.
Tras el madrugón y desayuno, de nuevo al bus con destino a Mostar. Pero antes paramos en Međugorje, una localidad donde hay documentadas miles de apariciones marianas, aunque la iglesia no está tan de acuerdo. Al parecer solo se reconocen 7 de ellas, y ¡muchas me parecen!.
Realmente es una parada de interés y que en nuestro caso arrancó con la información aportada por Sergio de que el acceso al lugar de las apariciones era sencillo; apenas un paseíto llano sin dificultades. ¡Cómo se nota que Sergio tiene una memoria «selectiva» donde se queda solo con lo bueno de las cosas!
Hicimos un par de paradas en esta ruta religiosa. Primero en un lugar de oración antes de entrar al pueblo. La gente frotaba las piernas del Cristo con la promesa de que el pañuelo que le pasaban les ayudaría a mantenerse ¿sanos? Quien sabe, lo que es seguro es que la figura del cristo estaba muy pulida de rodillas para abajo.
Y tras esta estación en nuestro recorrido, arrancamos hacia el lugar original de las apariciones. Y sorpresa, eran un par de kilómetros de paseo y nada fáciles. Bueno, en nuestro caso algo más porque nos perdimos, y cuando por fin nos localizamos, vimos en el horizonte que el último tramo era de gran desnivel y al sol. Al llegar además descubriríamos que el suelo era de piedras en muy mal estado. Esto provocó que alguno de los compañeros se ahorraran el paseo y se quedasen por el pueblo.
En esta ascensión pudimos ver y comprobar el fervor de los creyentes. En esta ruta había gente «escalando» en muletas, peregrinos haciendo el camino descalzos, y múltiples situaciones sorprendentes al ojo del no creyente. Por cierto que durante este tramo de ascenso había varios puntos de rezo en los que los peregrinos realizaban sus paradas a orar… o descansar.
Otra tradición de nuestros viajes cumplida: tenemos al menos un día donde nos hartamos de subir escaleras, y este tramo final convalida como escaleras.
¿Qué tema podría acompañar este momento del viaje? Ese momento de perdernos por el pueblo, de apariciones no reconocidas, y de que algunos compañeros no llegasen hasta el final del trayecto, me trae a la mente el tema «I still haven’t found what I’m looking for» de U2.
Blagaj: entorno precioso con el nacimiento de un rio.
Retomamos la ruta hacia Mostar y decidimos parar a comer en Blagaj. Un lugar precioso y donde seguramente disfrutamos de la mejor comida de todo el viaje. Bueno, todos salvo Victor que se pidió una carne argentina al punto, y le sacaron una suela de zapato. Normal, ¿pides carne argentina en medio de Bosnia? El resto tiramos por pescado, que por algo estábamos junto al rio. Extraordinario.
En mi caso ya conocía este rincón de Bosnia por nuestro anterior viaje en 2.021, pero es tan bonito que merece la pena parar a comer y disfrutar del fresquito que transmite el agua del rio que ahí nace. Nos comentaron que el agua está a unos 4º por lo que teniendo 35º de temperatura ambiente, comer junto a él fue un placer añadido al disfrute del entorno.
Es un lugar tan bucólico, que para recordarlo voy a elegir el tema «so nice (summer samba)» de Bebel Gilberto.
Mostar: contraste de belleza y destrucción.
Por fin llegamos a Mostar. La parada más esperada por varios de los compañeros. A fin de cuentas, hay tanta historia alrededor de su puente, y su casco histórico es tan atractivo, que es lógico que así fuera. En mi caso no lo es, me parece todo tan organizado para turistas, me me produce algo de rechazo. Reconozco que atendiendo exclusivamente a lo estético, es un lugar precioso, pero un puntito artificial. Al menos hasta que te escapas del entorno del puente y empiezas a ver la realidad de los que allí viven.
Aprovechamos toda la tarde y el inicio de la noche para recorrer la ciudad y disparar algunas fotos. Destacan sin duda las que tiramos a su imponente puente; en mi caso lo hice desde todos los ángulos. Tuvimos bastante fortuna ya que estaba preparándose el evento de clavadistas de Red Bull, y al día siguiente montarían sobre el puente una plataforma de saltos de 10m y esto hubiera destrozado la vista. Si llegamos un día más tarde hubiéramos tenido fotos diferentes y seguramente no tan «tradicionales».
La diferencia en este viaje sobre mi anterior visita es que tuvimos tiempo para alejarnos un poco (no mucho) de él, recorriendo calles cercanas. En ellas aun se pueden ver los restos de la guerra de Bosnia. Restos tanto en edificios aun por reconstruir, como en cementerios que son parte de la ciudad, o incluso parques donde la gente pasea y descansa entre tumbas. También se puede ver restos de lo que era el antiguo suelo de Mostar. Una joya que fruto de la guerra se perdió, y no se ha reconstruido acorde a la historia. Es lógico ya que se priorizó en la reconstrucción el dar servicio a la gente por encima de preservar y recuperar el patrimonio histórico.
El cielo estaba muy cargado y se anunciaba tormenta. Esto nos dejó primero unas luces preciosas en el cielo que al menos a mi me permitió sacar unas fotos chulas. Antes de que descargara el agua, nos fuimos a tomar algo a una terraza cubierta, pero algunas compañeras que se habían separado del grupo no tuvieron tanta suerte y acabaron empapadas.
Afortunadamente dejó de llover justo antes de acudir a la cena por lo que el paseo final al restaurante lo hicimos sobre seco.
Hablando de la cena, ¿recuerdas que en Neum habíamos elegido los menús? Pues por un pequeño malentendido la mitad del grupo acabó cenando a lo grande. En lugar de encargar el plato que querían, ¡habíamos encargado menús completos para ellos! Luego nos dicen que ganamos peso en los viajes, ¡si es que nos cebamos! En mi caso y para tranquilizar a mi «mami», tomé una berenjena asada rellena de pisto y pollo. Estaba muy buena, pero había tanta carne que fui incapaz de terminarla.
A la mañana siguiente y tras un desayuno temprano, acudimos a realizar una visita guiada por la ciudad. Así pudimos escuchar la historia de Mostar y poner contexto a lo que la noche anterior habíamos visto. Una ruta muy interesante donde además de escuchar lo que nos contaba el guía, también escuchamos lo que no decía. Transmitía en sus palabras y ejemplos que aun existe una situación de tensión en la que sigue habiendo bandos muy definidos y enfrentados. La guerra no terminó, tan solo está pausada.
Por cierto, Bosnia está plagada de gatos callejeros.
Para este día, lo vivido y la historia de esta ciudad, la canción que elijo para nuestra tracklist es el tema de Luis Alberto Spinetta titulado sencillamente «Bosnia». Duele esa llamada de la letra a abrir los ojos y los oídos.
Zelenkovac: una ecoaldea en medio de la naturaleza.
Dejamos atrás Mostar para dirigirnos al punto del viaje más arriesgado, la visita a la aldea de Zelenkovac. Sergio decidió incluir este destino en nuestro viaje, y sin duda fue todo un acierto. Al menos en mi opinión.
Hagamos un poco de historia sobre el lugar. Boro, el fundador, creó este espacio a partir de un pequeño molino que heredó de sus padres y que resistió a la guerra. Al acabar la misma volvió a él, y poco a poco ha ido construyendo un espacio de paz y tranquilidad. Cualquiera se sentiría agradecido de disfrutar un tiempo de descanso y desconexión en cualquiera de las cabañas. Quien desee conocer más de este lugar, nuestro amigo Sergio tiene un post bastante completo hablando de él.
Boro, además de crear y mantener esta aldea, es artista. En la segunda planta del edificio principal cuenta con una pequeña galería donde expone sus obras. Cualquiera puede acercarse a crear su arte en este entorno; será bienvenido. Y no solo esto, el primer fin de semana de agosto se celebra un festival de jazz. Creo que algún día iré porque tiene que ser una experiencia memorable.
Sin duda alguna este será uno de los lugares que recordaré con los años. Es un entorno para valientes porque no existen los lujos, pero ¿quién los necesita cuando estás en la naturaleza? Nos dieron muy bien de cenar. Tomamos un desayuno muy completo, y descansamos y desconectamos. Eso si, tienes que ser consciente de dónde vas y dónde estás. Porque si no lo haces, puedes interpretar que la existencia de telarañas en las cabañas es falta de limpieza. Nada de eso. Tienen su utilidad como por ejemplo protegerte de los mosquitos, así que no te frustres al verlas porque deben estar ahí.
Aun así se que esta opinión no será compartida por todos. Es un lugar controvertido, y me consta que no a todos los compañeros de viaje les convenció por esa ausencia de «lujos». Por eso qué mejor que «I will survive» de Gloria Gaynor para recordar el momento. Esta sería mi elección para incluir en nuestra tracklist, pero al existir una versión jazzy estilo años 40 que me tiene enamorado, me voy a quedar con ella; pega más al unir esa relación con el jazz que antes mencionábamos.
Además esa misma noche y en un momento tonto donde la WiFi nos dio cobertura, me entraron unos whatsapps de una amiga dándome unas noticias tristes. Esta canción encaja también con el espíritu que ella tiene y transmite. Este doble motivo ya ratifica que debe ser la elección. Y como le dije a ella esa misma noche, muchos besos, ánimos y un abrazo eterno. Va también para ti.
Banja Luka: la capital de la zona Serbia del país.
Tras esa noche inolvidable, y un agradable paseo matinal por el entorno de Zelenkovac, pusimos rumbo a Banja Luka. Esta ciudad está alejada de las rutas turísticas del país. No es nada habitual que turistas la visiten y esto se notó. Teníamos contratada una visita guiada por la ciudad y fue una experiencia inolvidable.
¡Vaya frikada de personaje!
Apareció ataviado con banderas de España tanto en camiseta como en pulsera. Pero no solo eso, sacó una bandera que no dudó en ondear. Y como guía… vaya guía. Conocimiento cero absoluto sobre lo que debería ser su función, y lo que aun fue peor, desconocimiento absoluto sobre la historia de su ciudad. Lo más brillante fue su respuesta a la pregunta sobre el primer rey de Bosnia cuya estatua estábamos viendo. Le interpelamos sobre contra quién luchó para ser rey, y su respuesta la llevaremos grabada a fuego: «contra todos». Y se quedó tan ancho.
Entre esto y su interés en vendernos su libro… Si, había escrito un libro que por supuesto no compramos, pero ahora nos arrepentimos. Nos quedaremos siempre con la incógnita de qué tal sería esa obra maestra. Menos mal que pudimos disfrutar por nuestra cuenta de la ciudad tras este fiasco de visita.
Otro detalle por el que recordaremos la visita es que Rober, nuestro profe, e internacionalmente conocido como un maestro del color, estaba haciendo todas sus fotos en blanco y negro. Y de repente nos encontramos en un mercado con una pared de un rojo tan intenso que le hizo abandonar este proyecto personal. ¡El color le llamaba!
Por mi lado descubrí que si disparas al rojo con la ISO muy alta, te modifica el color a amarillo. Error de novato al no haberla cambiado tras salir a la calle, lo que me ha hecho perder un montón de fotos. Resultaban muy frikis, pero también tan malas que ni por la anécdota merece la pena conservarlas.
Lo dicho, tras esta experiencia y la frustración añadida de no haber podido acceder a la fortaleza de la ciudad ya que estaban celebrando un festival musical, optamos por pasear por los alrededores de la misma. Y este paseo nos deparó otra de las anécdotas del viaje ya que pudimos asistir a una pedida de mano. El novio había montado un escenario en los jardines con un enorme corazón y un neón con el «will you marry me» colgado de él. En Vietnam tuvimos boda y aquí pedida de mano. ¿Qué será lo siguiente?
Por cierto, ¡qué barata es la fruta en este país, y qué poca ofrecen en los hoteles! ¿Será porque no combina bien con tomarte un expreso con Coca-Cola? Porque esta mezcla era la oferta en casi todas las terrazas. ¡Vaya bomba de cafeína!
Y con esto tocaba finalizar el día. Bueno, primero cenamos aunque estábamos todos tan saturados de comida que mayoritariamente se optó por ensaladas. ¡Y vaya ensaladas! Cada una era como para 20 personas por lo que ese intento de comer ligero, se tornó en otro atracón.
Reflexionando sobre toda la jornada la canción que me viene a la mente es «algo que sirva como luz» de Supersubmarina. Una canción que habla de búsqueda de esperanza. Sin duda nuestro guía debe tenerla en su intento de vender su libro. Y ese valiente novio debía tener mucha al montar el entorno para su pedida de mano. Porque si no la tienen o no la encuentran, acabarán en la necesidad de buscar consuelo o caer en crisis personal, otros aspectos de los que la canción también habla.
Travnik: parada de camino a Sarajevo.
La mañana siguiente era la inicio del camino a mi destino deseado: tocaba por fin dirigirnos a Sarajevo, esa ciudad que como al inicio contaba, tanto me marcó en mi anterior visita.
En el plan del día estaba llegar por la tarde y ver antes el túnel de la esperanza. Pero como teníamos tiempo, pasamos previamente por Travnik a disfrutar de su castillo. Algo que nos obligó a hacer el camino por rutas secundarias para frustración de algún compañero de viaje con fobia a las carreteras. Esta fobia se acrecienta en este país porque las autovías son algo aun por descubrir. Y si durante el trayecto tienes la oportunidad de ver como el conductor se levanta de su asiento mientras conduce por esas carreteras secundarias y de montaña para recoger las gafas de sol que se le habían escapado, pues ese miedo se dispararía hasta el infinito. Menos mal que no lo vio, y que fue apenas medio segundo. Pero vaya medio segundo.
¿Os había dicho que hay mucho gato callejero por Bosnia?
Tras una visita que estaba programada en 1h y tardamos 2, nos dirigimos hacia Sarajevo. Pero antes de llegar, paramos a comer en un restaurante que el chofer nos recomendó. Lo que desconozco es cómo, porque si recordáis no hablaba ni castellano ni inglés.
Durante el trayecto se fraguó un cambio de planes para el día. Al habernos alargado en Travnik más de lo esperado no llegábamos a ver el túnel de la esperanza; cerraba pronto. Por ello decidimos adelantar la visita a un mirador para ver el anochecer de Sarajevo, plan que estaba previsto para el día siguiente. Lo bueno de viajar como lo hacemos es que podemos cambiar los planes sobre la marcha.
Para cumplirlo solo teníamos un mandato, comer algo rápido y así poder llegar a disfrutar de la puesta de sol. Pues nada, primeros platos, segundos, postres y más tiempo del planificado. Mucho más tiempo. Por ello y tras volver al autobús nuevo cambio de planes, en Sarajevo pasearíamos a nuestra bola, al día siguiente haríamos la visita al mirador, y el lunes madrugaríamos más para visitar el túnel a primera hora atrasando el resto de planes del día. Todo arreglado.
En fin, un día precioso y lleno de cambios de planes donde todos fuimos solidarios y comprensivos al cambio continuado de la planificación de la jornada. Por esto el tema que quiero incluir en nuestra tracklist es «zurekin batera» de ETS (En Tol Sarmiento). Un tema que nos habla de ir todos a una, una oda a los momentos compartidos con un ser querido. Y seguro que Sergio y Rober se acordaron mucho de todos nuestros seres queridos por la de cambios de planes que les obligamos a hacer en el mismo día.
Sarajevo: la razón de mi 2º viaje fotográfico a Bosnia.
¡Y por fin llegamos a Sarajevo! Esta primera tarde-noche la aprovechamos para pasear en grupo por la ciudad y recorrer sus entornos más reconocidos. Arrancamos el paseo desde nuestro hotel en dirección al ayuntamiento. Edificio que también fue biblioteca antes de la guerra, y que fue arrasado en la misma, aunque ahora está totalmente reconstruido.
Tras llegar a él, nos dirigimos hacia el «oldtown» donde la herencia otomana es visible. ¡Parece un pequeño Estambul!
Ya cayendo la noche y siguiendo la calle principal llegamos a un punto donde en el suelo está grabado que Sarajevo es una fusión de culturas y donde en 2 metros cambias de ver una ciudad otomana, a ver una ciudad 100% europea.
Ojalá ese «meeting of cultures» siguiera siendo vigente y las culturas se mezclaran. Lamentablemente no ocurre así y este país está lejos de unirse; las cicatrices que dejó la guerra siguen siendo demasiado profundas.
La última parada antes de ir a cenar fue paramos en el «fuego eterno». Un recordatorio a las víctimas de la II Guerra Mundial. Aquí arrancó otra bonita historia de nuestro viaje. En pleno debate con Rober sobre dos fotos análogas y cuál era buena y cuál no funcionaba, conocimos a una joven turista que venía de Turquía. Se acercó a nosotros al ver a un grupo grande de gente con cámaras y estuvimos charlando un buen rato con ella. Por cierto que no se que votó al final ni qué foto ganó. Daba igual.
Este recorrido rápido por Sarajevo, y los recuerdos de lo que ya conocía de la ciudad traen a nuestra tracklist un tema de Mago de Oz: «Abrazos que curan». Ojalá hubiera más abrazos y menos disputas y guerras.
Visita guiada: Conociendo la historia de Sarajevo.
Nuevo día que arrancaba con una visita guiada por la ciudad. A las 9am la iniciábamos con Mustafá, el guía local que tenía más aspecto de americano del medio oeste, que de bosnio musulmán. Resultó una visita muy educativa y donde Mustafá no se limitó a contar la historia de Sarajevo, sino que lo realizó apoyado en la historia de su familia. Sorprendente, empático y educativo. Seguramente la mejor visita que nos hayan realizado jamás. Gracias.
Fueron algo más de 2 horas de recorrido por la ciudad donde vimos, escuchamos y aprendimos más aspectos sobre la fusión de la cultura ortodoxa, judía, católica y otomana, que una vez tuvo. Y Mustafá entrelazaba esto con la historia de Sarajevo y los conflictos que en ella han ocurrido: desde el asesinato de archiduque Francisco Fernando con el que se desató la I Guerra Mundial, hasta el tan recordado conflicto de los Balcanes y la especialmente cruenta guerra de Bosnia.
Tras este recorrido, nos lanzamos de nuevo a revisitar lo que la víspera habíamos paseado. Esta vez lo hicimos con la conciencia más clara de la ciudad en la que estábamos y de su historia.
Aprovechamos también el rato de la comida que algunos nos saltamos (seguíamos aun con el estómago lleno de empachos previos) para hacer un recorrido por el mercado y en especial visitando a los auténticos artesanos del cobre que aun existen. Yo adquirí un precioso marca páginas que personalicé con mi nombre. Una joya para mi colección. Pero también entramos en alguna tienda de anticuarios cuyas piezas sorprendían: cascos y armas de la guerra, o máscaras de gas eran parte del inventario. ¿Hemos normalizado la barbarie como para tener esto a la venta en una tienda? Parece que sí. Triste.
Este recorrido me invita a incluir «Fragile» de Sting en nuestra tracklist de este viaje fotográfico a Bosnia. Y lo hago porque como antes comentaba, la guerra no terminó. Simplemente está en pausa. Pausa que parece muy frágil cuando escuchas cómo está actualmente el país ordenado y estructurado.
Exposición sobre el genocidio de Srebrenica.
A la tarde algunos aparcamos nuestra cámara temporalmente y visitamos la exposición sobre el genocidio de Srebrenica. En ella se puede ver una colección de fotos muy impactantes que se acompañan por un par de videos.
El primero de ellos es un corto donde mezcla en apenas 10 minutos la realidad mundana de lo que cualquiera de nosotros podía vivir en ese año 1995, frente a los mismos 10 minutos en Bosnia y lo que allí podía pasar en tan poco tiempo. Está disponible en youtube para quien quiera verlo. Muy recomendable.
El segundo es un documental narrando lo que allí ocurrió y completado con testimonios de gente que lo vivió. Especialmente duro es escuchar a las mujeres que aun hoy no han recuperado a sus maridos e hijos. Desconozco si está disponible en youtube, no lo he encontrado, pero si hay muchos otros e igualmente recomendables.
Lo más impactante para mi fue lo que vi a la salida: un mapa del país plagado de puntos rojos donde cada uno identificaba la ubicación de una fosa común. Eso ya era duro, pero la leyenda del mismo donde se menciona que son las que se han localizado, dejando claro sin necesidad de decirlo que existen más que aun están ocultas. Ocurre igual que en España donde aun tenemos cuerpos en las cunetas sin localizar ni enterrar como merecen.
Este recorrido y visita de la que no hay fotos, merece tener su canción en nuestra banda sonora. De nuevo recurro a un tema con el título «Bosnia», aunque en esta ocasión interpretada por uno de mis grupos favoritos: The Cranberries. En esta canción reflexionan sobre la guerra y el sufrimiento humano, usando como núcleo del tema la guerra de Bosnia. Hay múltiples menciones a la guerra en este país, y a Sarajevo en particular. Quien quiera entender el significado de la letra le recomiendo esta entrada en letras.com donde lo explican en detalle. Tan solo escuchar esta frase de la letra ya pone la piel de gallina «babies in their beds, terror in their heads«; no hace falta entenderla para comprenderla y emocionarse al escucharla.
Anochecer desde un mirador de Sarajevo.
Tras toda esa intensidad emocional que supuso la visita a la exposición, volvimos a juntarnos todo el grupo para dirigirnos al mirador del que Sergio tanto nos había hablado. Un lugar de paz y tranquilidad ubicado en una colina y sobre un cementerio, desde el que disfrutaríamos la vista de la ciudad y su anochecer. Pues vaya sorpresa nos encontramos cuando al llegar habían instalado un bar, y una muchedumbre estaba con la misma idea que nosotros.
Sergio frustado, nosotros intentando hacernos hueco para tirar fotos… la pelea de cualquier lugar turístico masificado. Eso si, tuvimos fortuna ya que al ser tantos, en cuanto se quedó libre un hueco uno de nosotros pudo ocuparlo. Actuamos de gorrones, pero era eso, o no ver nada..
¿Alguna anécdota de este rato? Varias. La primera fue que nos encontramos a la misma chica turca de la víspera, y esta vez se pegó a nosotros hasta que nos marchamos. La segunda fue que Sergio nos retrató a todos junto al «precipicio» y alguno de los compañeros era algo aprensivo y temeroso de que nos cayéramos. Y la tercera fue que los dueños del bar nos hicieron pedir consumición para conservar el espacio que habíamos ocupado, pero nunca las trajeron y por supuesto tampoco habíamos pagado. En esta ocasión agradecimos el mal servicio.
Y tras fotografiar la ciudad en esta noche cubierta de nubes que nos estropeó un poco el anochecer, nos fuimos a cenar y a descansar al hotel. Un día y medio en Sarajevo dan para mucho, pero al menos yo me quedé con ganas de más. No se si volveré, pero no me importaría.
Y por todo ello quiero añadir un nuevo tema a esta tracklist. Quienes me conocéis, sabéis cómo me gusta el Boss, Bruce Springsteen. Ya en mi anterior visita a Sarajevo escogí un par de temas suyos para recordar esos momentos experimentados en esta ciudad: «War» y «Spirit in the night». En esta ocasión he dudado en incluir «My Hometown», pero finalmente voy a inclinarme por un tema más positivo: Waitin’ on a sunny day. Esta canción forma parte de su disco «the rising» compuesto íntegramente como homenaje al 11-S. Ese acto terrorista ocurrió varios años después de la guerra de Bosnia, pero ambos casos son un ejemplo de la barbarie humana que demuestra que no aprendemos, y que los extremismos nacionalistas o religiosos no nos llevan a nada bueno.
El túnel de la esperanza.
La mañana del día siguiente por fin recuperamos la visita pospuesta al túnel de la esperanza, también conocido como túnel de la vida. En mi visita del 2.021 fue un lugar que me marcó. Si cualquiera que lea esto tiene previsto viajar a Sarajevo en un futuro, le recomiendo verlo antes que la ciudad.
Y no solo eso, una vez en él lo primero que deberías hacer es ver el documental que emiten y donde se cuenta la historia del túnel. Historia narrada con imágenes reales tomadas en los momentos de la guerra. Tras este visionado es cuando deberías entrar al túnel y hacer el recorrido por él. Ojalá tengas oportunidad de hacerlo en el original que en esta ocasión estaba cerrado por reforma. La alternativa del nuevo tramo habilitado no genera el mismo impacto.
El poder hacerlo en este orden te dará ese contexto para comprender mejor el sufrimiento y sacrificio de la gente de Sarajevo. Este pasadizo les permitió burlar a las fuerzas Serbias introduciendo en la ciudad armas y comida con lo que poder aguantar ese sitio de casi 4 años: el más largo de la historia de Europa. Yo me pongo en la piel de quienes salían por él y me pregunto qué fuerza y compromiso debían tener para volver. Dudo que yo lo hiciera..
Cuando hayas hecho esto será el momento de visitar la ciudad. Con este bagaje comprenderás mejor los choques culturales, visualizarás los espacios que hoy parecen perfectos con los ojos de quien los ha visto arder, y todo ello te dará un contexto y comprensión mayor del lugar en el que estás. Realmente en este caso el orden de la visita importa y mucho.
Y dicho esto toca incluir una canción que recuerde esta visita. En el 2021 escogí el tunnel of love de Dire Straits. En esta ocasión quiero quedarme con «al alba», una canción que Aute escribió y dedicó a las víctimas de la dictadura franquista en nuestro país. El trasfondo del tema me lleva también a Sarajevo, Srebrenica y todos los lugares donde la barbarie humana se manifiesta.
Bunker de Tito en Konjic.
Dejamos atrás Sarajevo y nos dirigimos hacia nuestra siguiente parada en este viaje fotográfico a Bosnia: El bunker de Tito. Para quien no lo sepa Tito fue el dictador que gobernó la antigua Yugoslavia. Curiosamente y aun siendo un dictador era querido y aun hoy basatnte añorado. Y lo es porque consiguió varias cosas: una estabilidad y paz entre las diferentes corrientes y nacionalidades que conformaban Yugoslavia, y lo más relevante, un poder económico para el país y su gente que hizo que llegaran a ser la tercera economía mundial. Era una dictadura comunista enfrentada con la URSS. Un país donde sus ciudadanos tenían libre circulación al contrario de lo que ocurría en la RDA… una dictadura extraña, aunque dictadura.
Visto desde la distancia y con lo que escuchas, Tito se parece más a un rey que llegó al poder sin haberlo buscarlo, simplemente por herencia, pero que una vez estaba ahí y como cualquier otra herencia real, se quedó sin renunciar a su trono.
Al lio, ¿qué es este bunker? Pues sencillamente eso, un refugio en previsión de un hipotético ataque nuclear que permitiera a 600 afortunados refugiarse bajo tierra y sobrevivir al holocausto. En la wikipedia podéis leer más detalle sobre él y donde lo que más destaca es su enormidad, y que encima suyo hay 280 metros de tierra. Curiosamente cuando entras no bajas escaleras; nada como construirlo en la base de una montaña penetrando en horizontal, en lugar de tener que excavarlo como los analfabetos como yo pensábamos.
Hoy este espacio es, además de una memoria del pasado, un lugar de exposición. A lo largo de toda la visita puedes ver diferentes obras de arte contemporáneo y fotografías que te recuerdan la historia del país.
Y también es un lugar reflejo de la tecnología de aquellos tiempos. El bunker se finalizó en el año ’79 y conserva mucho del mobiliario original, y del equipamiento existente enfocado en mantenerse comunicado con el exterior. En aquel momento era todo tecnología puntera.
Cuando te cuentan el trasfondo del bunker y la infraestructura necesaria para mantener el entorno libre de contaminación, yo pienso en Jean Michel Jarre y su tema «Oxygène (Part IV)». Lo hago tanto por el título de la canción, como por la escenografía del video. ¡Cómo se parece la tecnología que se ve en él, con la que existía en el bunker!
En resumen, un sitio bastante impactante de cuya visita nos recuperamos con una comida en el pueblo cercano, Konjic. Por cierto, ¿os he dicho que hay mucho gato callejero en este país?
Trevinje. La última parada de nuestro viaje fotográfico a Bosnia.
Para el final de este viaje por el precioso Bosnia nos queda Trevinje. Una ciudad pegada a la frontera con Croacia y que nos serviría como escala para no hacer tanto kilómetro el último día. Cuenta con casco histórico pequeñito pero bastante mono y que nos permitió disparar nuestras últimas fotos.
Llegamos para cenar y con dos sorpresas. La primera, que parte de nosotros teníamos nuestras habitaciones en otro edificio del hotel ubicado al otro extremo del «oldtown». La segunda y más ¿divertida? fue que el restaurante decidió amenizarnos la cena con música española. ¿Te imaginas que alguien de bosnia viniera a España y le pusiéramos su música folclórica? Pues esto es lo que nos hicieron a nosotros. Eso si, al menos alguno de los temas a mi me gustaba como este de la gran Buika: «no habrá nadie en el mundo». Así que lo incluimos en nuestra banda sonora de este viaje fotográfico a Bosnia.
Tras esta última cena en grupo, dimos un agradable paseo por la ciudad y en este caso quien se nos pegó no fue una jioven turista turca, ni un gato callejero. En este caso fue un precioso perrito que se encariñó especialmente de Pili y su pañuelo. ¡Vaya mordisco le pegó!. ¿Lo volverá a usar alguna vez? Quién sabe…
La mañana del último día consistía meramente en disfrutar antes de coger el bus con destino al aeropuerto. La aprovechamos para un paseo por la ribera del rio donde poder hacer las últimas fotos. Además Rober nos dio una masterclass de cómo es su proceso de selección y cribado de fotos. Muy recomendable seguirlo para no abrumarse cuando te enfrentas al ordenador y los cientos de fotos que habríamos tomado; 1.279 en mi caso de las que he salvado apenas 250 en una primera criba, y donde las más destacadas están salpicadas por este post.
Punto y final a este viaje fotográfico.
Tras la comida y gastar nuestros últimos marcos, cogimos el bus dirección al aeropuerto de Dubrovnik, desde donde volaríamos de regreso a casa. Tocaba despedirse de los compañeros de aventura y desearle a todos un regreso a nuevos viajes fotográficos compartidos. Pero antes tuvimos la oportunidad de hacer una videollamada a mi querida Arancha, madre de Sergio, para felicitarla por su cumpleaños.
Y con este momento me quedo:_ ese deseo de volver a coincidir y crear familia como ya hemos conseguido con compañeros de otros viajes. Qué mejor que para este final que el tema de Siloé donde me quedo con la frase «volverte a ver, ese es mi sueño».
Y si como podría ser que no vuelva a Bosnia, quiero terminar con esta versión de Vicco del mítico tema «nunca volverás». Por si acaso, y porque no me apetece que la tracklist de este viaje fotográfico a Bosnia tenga temas pares. Tonterías que le dan a uno 🙂
Hasta la próxima.
Tracklist de nuestro viaje fotográfico a Bosnia
- Viaje con nosotros . La Orquesta Mondragón
- Les 7 i quart – Blaumunt
- I still haven’t found what I’m looking for – U2
- So nice (summer samba)» – Bebel Gilberto
- Bosnia – Luis Alberto Spinetta
- I will survive – Sara Niemietz
- Algo que sirva como luz – Supersubmarina
- Zurekin batera – En Tol Sarmiento
- Abrazos que curan – Mago de Oz
- Fragile – Sting
- Bosnia – The Cranberries
- Waitin’ on a sunny day – Bruce Springsteen
- Al alba – Luis Eduardo Aute
- Oxygène (Part IV) – Jean Michel Jarre
- No habrá nadie en el mundo – Buika
- Volverte a ver – Siloé
- Nunca volverás – Vicco
PD: Foto de cabecera del post cortesía de Sergio Otegui de nadaincluido.com


















































































































































































3 comentarios. Dejar nuevo
Tu nivel fotográfico (y de escritura de diarios) no para de mejorar en cada viaje, Alberto. ¿Para cuándo tu propio blog de viajes? 😂Gracias, un año más, por acompañarnos a todos lados. ¡Me alegro que lo hayas disfrutado tanto!
Gracias a vosotros por invitarme… y aguantarme
Orgulloso de tener un hijo como tú, de que disfrutes de tus viajes por el mundo y de hacer amigos por la vida, y tú madre dice de que comas «Berenjenas «