Sri Lanka es un país del que nuestro amigo Sergio de nadaincluido.com nos había hablado tras su viaje en 2023. Nos lo había pintado tan atractivo que cuando nos propuso que en nuestro viaje fotográfico anual lo visitáramos, nos apuntamos sin pensarlo. Es cierto que en mi caso hubo dudas por la idoneidad de las fechas, pero al final lo pude cuadrar todo y apuntarme a este viaje: nuestro quinto viaje fotográfico, esta vez un viaje fotográfico a Sri Lanka.
Han sido unos días fabulosos compartidos con grandes compañeros, algunos de ellos familia de sangre, y otros que ya son familia de convicción. Días que quiero recordar aportando una visión musical a los diferentes momentos que más me han marcado en esta última aventura.
Reencuentro y viaje a Sri Lanka.
Como antes mencionaba, este viaje es la quinta aventura que compartimos con Sergio, nuestro tour líder, y con Rober, nuestro mentor y tutor fotográfico. Reencontrarme con ellos es algo que siempre me ilusiona. Y por supuesto que también me ocurre con mis otros compañeros habituales. Con Vicente, Marta, Luis o Arantxa hemos compartido todos y cada uno de estos viajes fotográficos que nos han llevado por Rumanía, Vietnam, Balcanes o Marruecos. En esta ocasión recuperamos a nuestra benjamina, Ángela, que no pudo venir al anterior, pero si a todos los previos. La echábamos de menos. Y por supuesto al resto de compañeros que con mayor o menos frecuencia también nos han acompañado.
Estos reencuentros y la bienvenida a nuevos compañeros como Ángeles, Beñat y Floren, merecen una canción y que mejor que «Happy Together» de The Turtles.
Reencuentro en el aeropuerto de Madrid donde nos juntamos casi todos, escala en Estambul donde se nos sumó Marta, y tras una cuantas horas de viaje, llegada al aeropuerto de Colombo en Sri Lanka donde se nos unió Luisco. Allí ya conocimos a nuestro guía local Ishara; todo un personaje y sin duda, el mejor guía que hemos tenido en los diferentes viajes realizados. Nos comprendió desde el primer momento, se adaptó a lo que un grupo como el nuestro busca en un viaje fotográfico, y además improvisó y sugirió modificaciones al planning original que nos aportaron mucha riqueza visual, y experiencia global.
Sergio nos había advertido que había solicitado que no se nos hicieran todas esas «turistadas» típicas como él las llama. Pues bien, casi lo consigue. Nada más salir de la terminal tuvimos la típica ceremonia de ponernos el collar de flores al cuello. Y con ella, nuestra primera foto grupal. Esa primera foto si es un tradición que se agradece siempre, aunque como también es costumbre en nuestros viajes, nos suele faltar alguien. En esta ocasión no sucedió por una mala experiencia. Simplemente nos faltaba Floren que ya sabíamos que llegaría un día más tarde. Es decir, en este viaje ni tuvimos deportados, ni perdimos a nadie en un aeropuerto. ¡Vamos mejorando!
Turistada aparte, nos quedaba aun un trecho hasta nuestro hotel. Y este recorrido me sorprendió por ver la locura en cómo se conduce en este bendito país. Adelantamientos con vehículos viniendo de frente, tres vehículos en paralelo cuando solo hay dos carriles, manifiesta ignorancia de las líneas continuas en la carretera, y todo tipo de imprudencias que os podáis imaginar. Ahora bien, toda esta locura sin ningún claxonazo ni accidente. Según lo veía pensaba que algo acabaría pasando, pero no.
Por ello me vienen a la cabeza varias canciones que ilustren esta locura. He dudado entre Nicky Lauda de los Petersellers o «I predict a riot» de Kaiser Chiefs. Pero me quedo con esta segunda por mero gusto musical. Aunque el fondo este tema es una crítica de la cultura desenfrenada y a la violencia de las calles de Leeds, es también una canción que describe muy bien un ambiente caótico. Y esto es lo que yo sentí en esos primeros momentos en Sri Lanka.
Atardecer en Sirigiya. Subida a «Pidurangala Rock»
Tras estas primeras experiencias llegamos a nuestro hotel. Un refrigerio, una ducha, y a la aventura. Tocaba empezar a disfrutar del país y hacer nuestras primeras fotos. Y que mejor manera de iniciar este viaje fotográfico en Sri Lanka que lanzarnos a subir a la Pidurangala Rock. Un subida que según nos indicó Ishara era apta para cualquier persona. Me encanta ese optimismo natural que transmitía porque tras haber ido puedo garantizar que la subida no era ni accesible, ni fácil. Y si la subida fue tensa, la bajada fue aun más complicada.
Pero lo que si es cierto, es que este paseo nos dejo esas primeras fotos y una sensación de aventura: caídas en el ascenso, riesgos en el descenso, amenaza de lluvia en un entorno resbaladizo y no preparado para turistas, etc. En resumen, un lugar espectacular y cuyo riesgo mereció la pena, aunque alguno acabáramos muy machacados del paseo «apto» para todos los públicos.
¿Merece una canción esta aventura? Si. Sin lugar a dudas estas son las situaciones y experiencias que me animan a crear estas tracklists que resuman nuestros viajes. En este caso la elección del tema era muy fácil. O al menos la base de la canción porque enseguida me vino a la cabeza el «I will survive» de Gloria Gaynor, aunque también de inmediato pensé en otras versiones de la misma. Versiones como la que interpretó la gran Celia Cruz en castellano, «yo viviré«, o una versión o cover en estilo metal que había escuchado ya en alguna ocasión. Pero me quedo sin duda con una versión jazz que me encanta interpretada por Sara Niemietz. Os recomiendo disfrutarla porque es un estilo muy de los años 30 ó 40:
La roca del León en Sigiriya.
La mañana siguiente arrancó con una divertida anécdota gracias a Marta, Ángela y Pablo, el héroe de la misma. Nuestras benjaminas vieron en su ducha una rana. Intentaron sacarla de ella pero no tuvieron éxito. Por ello realizaron un llamamiento público en el grupo de Whatsapp que tenemos buscando que alguien las ayudase. Y por supuesto que Pablo, como gran amante de los animales que es, se presentó en su habitación solícito para resolver la incidencia.
Esta situación me recuerda al tema «Comerranas«, mítica canción de Seguridad Social. Mencionar que no nos la comimos, el tamaño no daba ni para una sopita de ancas, así que Pablo la liberó en el jardín.
Tras este divertido despertar, nos tomamos el primer gran desayuno del viaje. Con energías recuperadas tras el largo viaje y la escalada de la víspera, nos dirigimos la roca del león de Sigiriya. En el planning original del viaje estaba planteado hacerlo al atardecer, pero decidimos hacerlo por la mañana. Todo un acierto.
Esta excursión nos permitió disfrutar de una nueva ascensión. En esa ocasión también larga y agotadora debido al desnivel a superar, cercano a los 200m. Tal vez os parezca poco, pero si decimos que casi todo está basado en subir escaleras, y en hacerlo con un calor intenso y una humedad altísima, os podréis hacer una idea del esfuerzo que supuso.
Pero no todo fue este subir. Ya en la base y mientras nos aproximábamos pudimos empezar a ver monos; muchos monos. Nos advirtieron pronto que tuviéramos mucho cuidado con ellos, que evitásemos tener comida a la vista, y mucho menos ofrecérsela. Una turista de otro grupo no hizo caso y se llevó un buen mordisco de uno de estos animalitos con el trauma que ello implica: ser llevada a un centro de salud del país, que ni están cerca, y que como mínimo da respeto entrar a uno de ellos.
Pero no todo fue subir escaleras o disfrutar de monos. También pudimos disfrutar de grandes vistas durante el camino, o de gente y momentos curiosos como que hubiera alguien dedicado a barrer un camino de tierra y arena. Si algo vimos posteriormente en el viaje es que hay mucha improductividad en el país, y seguramente mucho empleo público para dar qué hacer a gente que sin ello estaría parada y sin actividad.
El esfuerzo de la subida mereció la pena. Fue una lástima que algunos compañeros decidieran quedarse en el hotel, aunque fuera comprensible tras la experiencia de la víspera. Pero hay que decir que esta subida es factible y tan solo requiere esfuerzo y mentalizarse en que se sudará. Pero no tenía los riesgos que vivimos la tarde anterior. Y fue una lástima para ellos porque desde arriba se pueden disfrutar de unas vistas maravillosas de todo el territorio, además de poder apreciar las ruinas de una antigua fortaleza. Hace años viajando con un amigo también visitamos un palacio asentado en un lugar innacesible y nos decían que nunca fue conquistado. Normal. ¿Quién en su sano juicio haría el esfuerzo por atacarlo y subir hasta ahí arriba? Que el «enemigo se encierre» el solito ya es un triunfo en si mismo.
Un extra sobre este lugar: a la roca del León de Sirigiya también se la conoce (o reconoce) como la octava maravilla del mundo. Estando allí no era consciente de estar en un sitio así, pero visto en perspectiva, reconozco que es una posición bien merecida; no por ser la octava, sino sencillamente por estar en una lista como esa.
Si unimos todo esto, y juntamos que esta fortaleza fue también un lugar de recreo para el rey de turno allá por el siglo V, creo que la canción a escoger para este momento sería «El sitio de mi recreo«, el gran tema de Antonio Vega.
Templo de las cuevas de Dambulla.
Tras esta visita matinal, una comida para reponer energías, y un breve recorrido en autobús, llegamos a nuestro siguiente destino: el templo de las cuevas de Dambulla, situado sobre el templo de oro. Estos primeros son una serie de 5 templos construidos en el interior de unas cuevas; quien les puso el nombre lo clavó.
Como a todos los templos del país, tuvimos que acceder descalzos. Esto es una muestra de respeto que a los occidentales nos pasa factura; no tenemos las plantas de los pies preparadas para andar sobre el suelo. ¡Duele! Se permite entrar con calcetines por lo que alguno al menos llevábamos algo de «amortiguación», pero tras un muy buen rato paseando por allí estos calcetines solo tienen una utilidad posterior: ir a la basura. Al menos facilita el volver a meter cosas en la maleta posteriormente; todos sabemos que en los regresos las cosas abultan más que en las idas y no siempre es fácil cerrarla.
El lugar es precioso. El recorrido de acceso a los templos y el exterior de los mismos me encantó. Sus 5 templos impactan. Aunque también y siendo sincero, lo hace mucho más el primero y segundo que los demás. No porque no sean tan llamativos, sino porque me resultaron demasiado similares. Al menos en mi opinión. Lo que si puedo confirmar es que viendo el resultado fotográfico de esta excusión, en este lugar realicé alguna de mis mejores fotos de este viaje. Y esto me permitió hacerme con uno de los premios fotográficos del viaje: los RoberIncluido Awards 2024
Conservo dos anécdotas extra de esta visita además de ese ir descalzos. Por un lado que Sergio nos había hablado mucho del lugar pero al llegar le entraron las dudas de que fuera lo que él ya conocía. Realmente si lo era, pero el hecho que que llegásemos y accediéramos por otro lugar le descolocó un poco. Él entró primero por el templo de oro, y en esta ocasión este fue nuestro punto de salida. La otra anécdota es que al marcharnos nos cruzamos de nuevo con un montón de monos. En este caso varios de ellos, o ellas, llevaban colgada de su barriga a sus criaturas. No hay fotos estéticamente atractivas de esto, pero si fotos que hay que mostrar para ilustrar el momento.
¿Qué canción podría servir para esta visita y momento? Hay bastantes opciones posibles, pero tengo que quedarme con Enya y su magnifico tema «Only Time«. El motivo es sencillo: una melodía envolvente, con una atmosfera cautivadora y en cierta medida espiritual, me parece lo ideal para asociar a un lugar sagrado como son los templos de las cuevas de Dambulla.
Dambulla y un mercado mayorista de frutas y verduras.
En teoría ya habíamos terminado el plan del día. Tocaba ir al hotel y descansar. Pero nuestro guía nos tenía preparada una sorpresa. Nos llevó a un mercado mayorista en Dambulla. Aun siendo por la tarde había mucha actividad y allí nos plantamos 20 turistas a disfrutar de la gente, el colorido y la autenticidad que trasmitía el lugar. Un goce que solo si haces un viaje como los nuestros disfrutarías; no vimos más turistas en este lugar.
Este fue otro de esos momento que conseguí retratar con mi cámara. Obtuve fotos que me encantan, y donde alguna debió resultar «medio buena»; hubo mención especial a uno de los múltiples retratos que conseguí en este lugar.
Además, y como premio extra nos llevamos unos plátanos sabrosísimos. Sergio se animó a preguntar a uno de los comerciantes del lugar por unos de tamaño mini que tenía. Y no solo le respondió con amabilidad, sino que además le regalo un manojo suficiente para todos nosotros. La amabilidad de la gente del país es algo digno de alabar; tal vez no están saturados de turistas por lo que nos trataron en todo momento con mucho cariño, respeto y simpatía.
Este momento reconozco que es de mis favoritos del viaje. El ambiente que había, las luces que se filtraban en el mercado mientras caía la tarde, toda esa felicidad que se respiraba, la alegría que teníamos nosotros…, todo esto me hace recordar esta gran canción de Katrina and the Waves: «Walking on Sunshine«.
El templo del diente de Buda.
Tras ese día tan maravilloso en Dambulla, arrancamos una nueva jornada con un planning sencillo: desplazarnos hacia Kandy y visitar el templo del diente de Buda. Pero de camino hicimos una parada para disfrutar de otro templo, en este caso un templo hindú en Matale. Como en todos los templos tocaba descalzarse y disfrutar de la visita. ¿Merece la pena el lugar? Sinceramente no es un sitio que me llamara especialmente la atención, aunque si se agradece como una parada durante un traslado, y así minorar el tiempo improductivo y seguido subidos a un autobús.
Lo que si podemos decir es que gracias a esta parada, recuperamos una vieja tradición de nuestros viajes fotográficos: perder a alguien. Casi lo conseguimos. Tras finalizar la visita, volvimos al autobús y arrancamos. Y en ese momento sonó una voz diciendo «parad, nos falta Neli». Se había quedado disfrutando del tempo y no se percató que el resto ya nos habíamos marchado. En el día que Floren se nos uniría, casi sacrificamos a uno de nuestros compañeros más queridos.
En este viaje fotográfico a Sri Lanka nos faltaba aun este intento de «sacrificar» a un compañero. Y ya solo este momento merece una canción para completar esta banda sonora. Y no se me ocurre una mejor que «when you’re gone» de the Cranberries, una de mis bandas favoritas y que suele aparecer en todas mis tracklists.
Tras comer en un restaurante chino, también en Sri lanka hay «chinos», y suma a Floren al grupo, continuamos viaje hacia el templo del diente de Buda. Este templo y su entorno si que merecen la pena ser visitados en un viaje fotográfico. Aunque hay que reconocer que cuando entramos dentro del templo, progresivamente fuimos aparcando la cámara por respeto hacia los fieles que allí estaban.
Es un templo con mucha actividad en su interior, con muchos fieles que rinden culto a sus creencias, y por ello al menos a mi me parecía ligeramente violento estar con la cámara captando esos momentos. Y digo violento por nosotros, porque de nuevo la gente que allí estaba ni nos dijo nada, ni nos puso ninguna pega; todo lo contrario, fueron todo amabilidad hacia nosotros.
Kandy y el mirador de Sri Maha Bodhi Viharaya.
A la salida del templo del diente de Buda, continuamos nuestro viaje fotográfico a Sri Lanka visitando la ciudad de Kandy. Lo primero, un breve city tour acompañados por nuestro guía. En esta ruta nos llevó a un nuevo mercado, en este caso minorista. Este mercado no tenía ni de lejos el encanto del que visitamos en Dambulla, pero si nos impactó por ver la realidad de donde el público general realiza la compra. Está muy alejado de los estándares que tenemos en nuestra querida España (hablo de higiene por si alguien no lo ha pillado).
Pablo pudo disfrutar de su gran afición de acariciar perros callejeros, y yo inicié una serie de fotos de cuervos. Un animal que me encanta por todo lo que hay alrededor de la novela de James O’Barr, the crow, que dio lugar a la película de 1994 del mismo título. ¡Soy fan absoluto tanto de la novela gráfica como de la película y de su BSO!
Esta foto de los cuervos sobre el cableado es de mis favoritas del viaje. Se que no aporta nada especial a los demás, pero a mi me encanta. Qué se le va a hacer, ¡soy así de raro! Por ello quiero añadir una nueva canción a esta banda sonora, y que mejor que «Burn» de The Cure, el tema central de la película «el cuervo».
Antes de finalizar este día tan intenso parte del grupo decidió quedarse en Kandy y seguir callejeando y fografiando. La necesidad de buscar una foto nocturna para los premios RoberIncluido era una motivación. Sin embargo, otros como yo decidimos marchar al hotel a descansar y a evitar la lluvia que nos amenazaba. Y en este marcharnos pudimos sacar alguna foto interesante mientras esperábamos a nuestro bus. Creo que no he mencionado aun pero los autobuses de este país son una pasada. Los hay antiguos en grado extremo, y también auténticas discotecas móviles. Todo un contraste.
Por la mañana y mientras acudíamos al desayuno vimos a una pareja de novios a quienes estaban haciéndole el reportaje en el hotel. ¡Eso si era equipo y no lo que llevábamos nosotros! Contamos hasta 8 personas en su equipo entre fotógrafos y otros asistentes. Eso si, no nos invitaron; no eran tan majos como los vietnamitas con quienes pudimos cenar en su boda. ¡Qué recuerdos!
Sigamos. Tras este desayuno y dejar el hotel, nos dirigimos a un nuevo templo, en este caso el templo mirador «Sri Maha Bodhi Viharaya» que se encuentra en lo más alto de Kandy, y desde el que se pueden disfrutar las mejores vistas de la ciudad. En lugar de subir en nuestro bus, lo hicimos en tuctucs. Nuestros conductores parecían estar en una competición porque se presionaban entre si, se intentaban adelantar, y todo con jolgorio y miedo a partes iguales. Porque estos vehículos se caían a pedazos.
Este templo, el último que visitamos en el viaje y que pueda llamarse templo en el sentido más estricto de la palabra, aporta la posibilidad de ver y estar en un Buda gigante. Y cuando digo «estar» es literal, porque puedes subir hasta su mismísima cabeza. ¿Os he contado que había que entrar descalzo? Pues si, y con las piernas tapadas hasta debajo de las rodillas.
Estos momentos pasados en Kandy y la visita casi continuada a diferentes templos me hace reflexionar sobre qué canción podría servirme para estos dos días. Pues bien, me voy a quedar con «calm after the storm» de The Common Linnets. Este grupo holandés nos cuenta en la canción muchas cosas diferentes, pero yo me quedo con la invitación a la reflexión y a la esperanza. Es cierto que lo cuentan desde la perspectiva de la pareja, pero me sirve porque esta reflexión y tranquilidad es es algo que los fieles que estaban en estos templos nos transmitían.
Cascadas de Rambouda, plantaciones y fábrica de té.
Dejamos atrás Kandy, y camino de visitar una plantación de té pudimos de nuevo disfrutar de unos paisajes espectaculares. Estábamos en la zona húmeda del país y se notaba por lo verde de los paisajes. En esta ruta que era de montaña pudimos además disfrutar de las vistas de las cascadas de Rambouda. Unos saltos de agua que salpicaban esta carretera.
Decidimos parar en un restaurante pintoresco en la misma carretera para comer. Este restaurante, que fue revisado por nuestras compañeras arquitectas dado que toda la estructura del local estaba a la vista, era digno de analizar. Y más cuando cayó un auténtico diluvio nada más empezar a comer. Tuvimos mucha fortuna porque esta situación climatológica nos permitió ver un paisaje aun más atractivo por esa bruma que apareció.
Además, y como ya presuponíamos, estamos en un país que cuando llueve lo hace a lo grande, pero por relativamente poco rato. Gracias a esto pudimos disfrutar posteriormente de nuestra visita a la plantación de té y a la fábrica que estaba junto a ella, la fábrica Bluefield. En la visita tuvimos varios momentos interesantes.
En un primer instante invitaron a parte de mis compañeras a vestirse como hacen las mujeres que trabajan en el campo recogiendo el té. Fueron también invitadas a trabajar brevemente haciendo esa tarea.
Posteriormente pudimos dar un paseo a través de las plantaciones disfrutando de un paisaje sencillamente impresionante, y donde la niebla que se echaba sobre el terreno dejaba unas vistas aun más atractivas para nuestras fotos.
Y por último nos dejaron visitar el interior de la fábrica donde nos contaron todo el proceso de fabricación del té. No soy un enamorado de esta bebida por lo que lo único que aprendí es que todos los tipos de té surgen de la misma planta. Da igual que el té sea verde, negro o blanco; la única diferencia es la parte de la planta que se utiliza para esta variación. Esta parte es lo que hace que coja una tonalidad diferente, y que el coste de producción varíe.
Tras la visita nos invitaron a una cata de tés, previa a la correspondiente visita a la tienda de la fábrica. Todos picamos algo en ella; en mi caso cogiendo unos tés para regalar y que van más allá de lo tradicional: té con chocolate y té con fresas. Confío en que la destinataria los agradezca y le gusten.
Tras terminar esta visita cultural, continuamos nuestro viaje fotográfico en Sri Lanka dirigiéndonos hacia Nuwara Eliya. En este recorrido además de disfrutar de esos paisajes tan verdes que antes ya mencionaba, pudimos ver a un muchacho que merecería ir a los juegos olímpicos. Y lo digo porque el recorrido por carretera era muy sinuoso, en constante ascensión, y este muchacho lo subía corriendo campo a través, y adelantando a nuestro autobús cada poco. En cada curva de herradura que salpicaban el recorrido nos ofrecía unas flores. Esta carrera la realizó por lo menos durante 15 minutos, así que acabamos parando el autobús para comprarle sus flores. Se lo había ganado.
Un día magnifico, con una climatología por momentos adversa, que nos permitió disfrutar de un Sri Lanka que no habíamos visto hasta ese momento. Este pasaje me abre muchas opciones para incluir una canción. He pensado en varias como son «tea for the tillerman» de Cat Stevens, o «Nuwara Menike«, una canción tradicional cingalesa y que «evoca imágenes del campo y las montañas de Sri Lanka, en especial de la pureza de la naturaleza que rodea a Nuwara Eliya.»
Pero claro, todos sabemos cómo me gusta a mi Bruce Springsteen. En homenaje a ese chaval que con merecimiento se ganó el dinero por sus flores, no podía sino incluir aquí «born to run«. Se que la canción habla de otros temas, pero es que el título va clavado para el momento. Se lo merece.
Nuwara Eliya. Fotos nocturnas y el lago desaparecido.
Camino de Nuwara Eliya tuvimos un momento de diversión en el autobús. Nuestro tour lider, Sergio, nos habló de un lago que había antes de llegar y que tenía unas vistas preciosas. Tanto nos hablaba de ello que montamos una porra para ver cuánto tardaríamos en llegar a él y verlo. Qué sorpresa cuando el lago no apareció en nuestro recorrido. Y todo fue porque accedimos a la ciudad por el otro extremo de la misma. Porra 100% perdida por todos; tardaríamos un día más en poder disfrutarlo. Fue uno de esos pequeños momentos que todos los que apostamos recordaremos; nos contentamos con poca cosa.
En la planificación del viaje se nos advirtió de que metiéramos ropa de abrigo en la maleta. Nuwara Eliya está situada a casi 2.000m de altitud por lo que se esperaba que pasáramos frio. Pues bien, ninguno hicimos uso de ella porque la temperatura era perfecta y por fin pudimos disfrutar sin sudar y sin ese calor y humedad que hasta ese momento habíamos padecido. Eso si, aprovechando las ofertas comerciales de la zona, varios compañeros aprovecharon para ir un rato de tiendas esa primera tarde y llenar (mas) la maleta con ropa de abrigo nueva, buena, y barata.
Los que no fuimos de tiendas, disfrutamos de un paseo nocturno. Paseo en el que yo me enamoré de una estación de autobuses repleta de arte urbano, y de momentos que retratamos con nuestras cámaras.
A la mañana siguiente dejamos el hotel para visitar Nuwara Eliya de día. Teníamos previsto una visita guiada a media mañana, pero nos escapamos desde primera hora para recorrerla cámara en mano como habíamos hecho la noche anterior. Más tarde y ya con nuestro guía, recorrimos diferentes puntos de la ciudad, visitamos un mercado local que nos encantó, y nos llevó también a otro mercado de frutas donde realizamos una cata.
Aviso que el mercado local asusta desde la perspectiva de «conservación de los alimentos». No recomiendo ver ni cómo se expone, ni como conservan las piezas de carne y pescado. Menos mal que no soy escrupuloso, porque de serlo hubiera pasado el resto del viaje a base de fruta.
Por cierto, mencionar que hay varios campos de golf que de un primer vistazo son bastante interesantes. Para un «golfero» como yo es un debe no haberlos aprovechado. Para siguientes viajes fotográficos presionaré a Sergio para dedicar una mañana a jugar en alguno.
Tras este paseo continuamos nuestro viaje y de camino a nuestro siguiente destino pasamos por ese lago del que Sergio nos había hablado. Un lago muy cuidado, con zonas de paseo y de recreo a su alrededor, y en el que la ciudad se debe volcar mucho en los días festivos. Ya en un día laborable vimos a mucha gente de camino a él, por lo que un fin de semana debe ser imposible disfrutarlo con calma.
Para la canción que evoque esta ciudad y estos recuerdos me quedo «bus stop» de The Hollies. Una canción de los años 60 que por su título asociaré a esa estación de autobuses que tanto nos gustó.
Viaje en Tren a Ella y paseo en bici a las «Ellewala Waterfalls»
Nos acercamos a la mitad de nuestro viaje fotográfico a Sri Lanka, y qué mejor modo de hacerlo que subiéndonos al tren más conocido del país, el tren del té. Apenas 60km separan Nuwara Eliya de Ella, nuestro siguiente destino, y que tardamos más de 3 horas en completar. Pero 3 horas de paisajes y osadías, que analizadas con el tiempo, son un montón de inconsciencias del turista. Me explico, es una «tradición» que se abran las puertas del tren durante el recorrido para poder fotografiar el paisaje, y para hacerse la típica foto agarrado al vagón. Foto que queda preciosa (gracias a Sergio por tomármela).
Ya en Ella, seguramente la ciudad de Sri Lanka más pensada para el turismo, comimos en el típico restaurante pensado para ellos. Y tras esta comida, nos dirigimos al hotel Jetwing Kaduruketha donde pasaríamos dos noches, con un día por medio que se supone era de descanso. Pero no lo fue en absoluto. Es cierto que aprovechamos la piscina o tuvimos una sesión de showcooking donde disfrutamos un almuerzo muy sabroso. Pero lo más memorable del día fue nuestra excursión a las Ellewala Waterfalls. Un salto de agua precioso y que estaba apenas a 9 km del hotel.
Decidimos hacer el camino en las bicis que el hotel nos prestó y sin duda será de las experiencias que nos marcaron. Floren que no está acostumbrado a las tonterías que habíamos hecho en otros viajes lo definió en varias ocasiones posteriores como «acojonante». Y lo hace porque fue una odisea: bicis que no frenaban, o que llevaban el freno clavado a la rueda, un manillar que se rompió en el punto más lejano del recorrido, un regreso de noche y sin ninguna luz, o la doble caída de una compañera que pudo haberse hecho mucho daño. Y todo ello adornado con unos paisajes naturales preciosos, lugareños que disfrutaban del rio, o de sus quehaceres diarios. Lo dicho, una odisea maravillosa que recordaremos.
Como colofón a este día de «descanso» asistimos a dos charlas finales antes de cenar. Primero Rober nos impartió una masterclass de composición; siempre se aprende de él y de su visión irrepetible. La sorpresa vendría después. Nuestro compañero Floren nos compartió otra charla que había presentado antes de unirse a nosotros en un congreso: una charla sobre «arte y deformidad«. Suena un tema extraño, y lo es. Pero a la vez resultó muy didáctica y divertida por cómo lo exponía. Esta charla surge del conocimiento de Floren sobre el tema que tiene documentado en su libro «el rostro enfermo«. Profundizaré en el tema tan pronto como se publique la tercera edición del libro ya que actualmente se encuentra agotado y es imposible conseguirlo. Floren, te perseguiré para que me lo dediques. Es una amenaza 🙂
Sin duda hay una canción que puede unir lo que el día nos deparó y que mejor que «hurt» de Nine Inch Nails, ya que unifica en ese título lo que vivimos: una excursión que acabó con heridos por las caídas (y que pudo haber sido peor), y una charla sobre deformidad. Este tema realmente se hizo famoso por la versión que años después publicó Johnny Cash, y que se incluyó en la película Logan, por lo que me quedo con esta última; me gusta más.
Yala. Buda gigante de Buduruwagala y safari fotográfico.
Tras este día de «descanso», tocaba seguir con nuestro viaje fotográfico a Sri Lanka. En esta ocasión cogimos dirección a Yala, donde nos esperaba el día más ansiado por la mayoría de nosotros, el día donde haríamos un safari fotográfico para ver animales salvajes en su hábitat natural. Y elefantes, muchos elefantes.
Por el camino hicimos dos paradas. La primera de ellas para visitar al Buda gigante de Buduruwagala. Una serie de Budas tallados en la roca. Impresionan. La segunda paramos a la salida de un pueblo a ver unos árboles plagados de murciélagos. Increíble la cantidad de ellos que podía haber en cada árbol, y todos ellos apenas a unos metros de la civilización. El año pasado estuvimos en Rumanía, la tierra de los vampiros, y no vimos ni la milésima parte de posibilidades de que existieran como en uno solo de estos árboles.
Y por fin llegamos a Yala para disfrutar del safari fotográfico. Curiosamente llegamos a media tarde, cuando lo que todos hubiésemos pensado es que para ver animales lo mejor hubiera sido hacerlo con el amanecer. Y sobre todo pensando en ver felinos. Pero la logística del viaje nos marcó otro ritmo. Y de nuevo fue un acierto.
Empezamos la visita al parque natural subidos en nuestro jeep. Es impresionante la vista que tienen los choferes ya que paraban cada poco para indicarnos donde poder ver algún animal que ellos identificaban. El nuestro llego a parar en seco para decirnos que había visto un camaleón camuflado en el tronco de un árbol en medio del bosque. O un mini pájaro verde entre hojas verdes. Espectacular su vista, pero decepcionantes los «bichos». Por no hablar de lo que otros compañeros que viajaban en otro jeep nos contaron. Su chofer de repente paró en seco y dio marcha atrás a toda velocidad. Estaban todos emocionados por descubrir qué animal había vislumbrado, y de repente una sola palabra: «rabbit». Increíble, había parado por un conejo.
Pero esta decepción pronto se superó. Empezamos a ver múltiples aves al lado de cocodrilos y búfalos. Todos en una convivencia que se antoja extraña para un occidental que como nosotros lo máximo que aspiramos es a ver a Pablo acariciando (otra vez) a un perro callejero. Y también llegó el momento de ver un elefante. Realmente en este momento del safari ya habíamos visto dos elefantes, uno salvaje, y otro esculpido en piedra. Una de las inmensas rocas alrededor del parque tiene una forma que se asemeja muchísimo a uno de ellos.
Lo bueno acababa de empezar. De repente le llegó un aviso por radio al chofer y este inició una carrera en modo rally. ¿Qué estaría ocurriendo? Le acababan de avisar que se ha localizado a un leopardo y todos los jeeps del parque están corriendo hacía el punto donde este se encuentra. Hasta ese momento yo pensaba que en el parque estábamos poca gente; en la inmensidad del parque parecía que estábamos solos, pero de repente aquello parecía la M30 madrileña en pleno atasco un lunes en hora punta.
Pero claro, cuando uno se pone en modo rally, corres el riesgo de sufrir averías: nuestro jeep pinchó. ¡Qué decepción! Si ya estaba el tráfico como estaba, pues nuestra esperanza de ver al leopardo a la tarde se desvanecía; todos los otros jeeps del parque nos adelantaron y pasamos a estar en una cola eterna con pocas posibilidades de ver nada. Mientras nuestro conductor cambiaba la rueda nos cruzamos con otros compañeros que ya estaban de vuelta: «un leopardo tumbado durmiendo» nos contaban. Con el jaleo que se estaba liando, ya son ganas de siesta las que tenía el bicho. Y ya es jaleo el que se había montado para ver a un leopardo dormir.
Pero de nuevo apareció nuestra fortuna porque cuando nos llegó el turno de acercarnos al leopardo, este puso final a su siesta, se desperezó y decidió levantarse para saludarnos. ¡Un momento brutal! Vaya repertorio de fotos le sacamos todos los de nuestro jeep. La lástima es que aquí apareció mi «ausencia de talento» y la mayor parte de las fotos obtenidas resultaron desenfocadas. Pero solo la mayor parte de ellas, porque alguna reflejó perfectamente lo que fue este momento. La última de estas fotografías mereció posteriormente otro premio en los RoberIncluido Awards.
Como dice Sara, una compañera de trabajo, este leopardo parece un niño pequeño jugando al escondite. Se piensa que si él no nos ve por tener la cabeza detrás de un árbol, tampoco nosotros le veremos a él, cuando realmente nos deleita con toda su figura.
Un gran momento del safari, pero ni de lejos el mejor. De nuevo gracias a nuestra fortuna y a un nuevo pinchazo se produjo el momento más emotivo del viaje. En esta ocasión y cuando ya habíamos cogido camino hacia la salida del parque, nos encontramos con otros compañeros que también habían pinchado. Por cortesía nos paramos a esperarles mientras arreglaban su rueda. Y esto fue otro momento de gran fortuna, ya que al poco de arrancar llegamos a un pequeño lago donde aparecieron dos elefantes jugando en el agua.
¿He dicho dos? Eso pensábamos pero al poco aparece un tercero más pequeño. Se trataba de una familia jugando. Hay fotos pero lo cierto es que el momento decidimos disfrutarlo más que retratarlo. Emotivo es una palabra que se queda corta para describir ese momento. Y desde luego las fotos no le hacen justicia.
Y claro, puestos a elegir una canción, este momento gana por goleada a cualquier otro del día. Que mejor tema que «it’s a beautiful day» para recordar este instante. Pero recordad que yo no soy tan obvio. Seguramente todos estéis pensando en la canción de U2, maravillosa, pero en mi mente está otra. En este caso el tema de Michael Bublé que comparte título, y que cuenta con frases como esta: «It’s a beautiful day, don’t let it get away» (es un día hermoso, no dejes que se te escape).
Es a partir de este momento y ya con el viaje llegando a su final, cuando de verdad empecé a disfrutarlo, consiguiendo por fin desconectar de mi trabajo. En resumen, esta canción es una celebración de la vida y de la belleza que nos rodea. Nos recuerda que cada día puede ser una oportunidad para encontrar la felicidad y disfrutar de lo que tenemos. Y en estos momentos de mi vida profesional es algo que me va perfecto. Desde ya mismo esta es una mis canciones favoritas.
Playa, faro de Dondra, Matara y la sorpresa de Mirissa.
Al día siguiente no teníamos que madrugar; el planning del día empezaba a media mañana. Por ello decidimos improvisar e irnos de paseo a la playa de Yala, dentro aun del parque nacional donde habíamos realizado el safari fotográfico la víspera. ¿Os sorprende saber que en el acceso a la playa lo primero que hay es una señal de peligro con los elefantes? No encontramos ninguno en nuestro paseo, pero si múltiples huellas de «bichos» varios, entre ellas varias de felinos, pero la realidad es que no nos cruzamos con ningún animal en el recorrido.
Tras este paseo, una ducha rápida, un desayuno contundente, y a por el faro de Dondra, nuestro siguiente destino de este viaje fotográfico a Sri Lanka. Este faro, situado en el punto más al sur de la isla de Sri Lanka, es una visita obligada para cualquier turista. Como también lo es disfrutar de su vecina Matara, una ciudad que pudimos callejear tras una comida que se nos hizo eterna. De nuevo la lentitud en la restauración del país estuvo a punto de trastocarnos el día.
Tras dejar Matara nos dirigíamos a nuestro hotel en Galle, pero nuestro guía Ishara nos tenía preparada una sorpresa. Asumió que llegaríamos tarde al hotel y a la cena, pero nos hizo parar en Mirissa para que visitáramos su puerto pesquero. ¡Qué festival de color! Desde los barcos hasta las luces que nos deparó el cielo en un atardecer espectacular. Si al inicio de este viaje fotográfico a Sri Lanka visitamos muchos templos, en este final nos tocó disfrutar de los atardeceres. Este solo fue el primero de ellos.
Este día me evoca varias canciones, pero tras darle varias vueltas me quedo con «Sunset» de The xx. El título lo dice todo, pero al sumar su ritmo que nos invita a la contemplación, parece la elección perfecta. Algo que la foto que tomé de Sergio creo que deja claro.
Galle, una ciudad de estilo colonial.
Tras esa sorpresa por fin llegamos a nuestro hotel en Galle donde pasaríamos dos noches. La entrada del hotel ya nos sorprendió por su pasamanos que reflejaba la época colonial en que esta ciudad estuvo en manos tanto del pueblo portugués, como holandés. Y además tenía un comedor con vistas al mar que sencillamente era espectacular. ¡Qué fortuna haberlo disfrutado dos noches!
Por la mañana salimos a descubrir la ciudad, que a mi me gustó especialmente. Disfrute paseando por sus calles y también por sus playas. Pero sobre todo fotografiando a su gente. Fue un día que aproveché para experimentar algo más en mi modo de hacer fotos; me la juegue buscando fotos más minimalistas o abstractas. Algo salió.
Pero no todo fue esta experimentación. No podía desaprovecharse lo que la gente nos ponía delante de la cámara mientras paseábamos por las calles de su centro histórico y del famoso fuerte de Galle.
Y también al pasear por su muralla junto al mar, o directamente en la playa. Muralla donde a la noche volvimos a disfrutar de otro precioso anochecer. Definitivamente ha sido el viaje de los anocheceres. Todos especiales.
Durante el día paramos a tomar algo en un bar local. Lo pasamos bien y descubrimos un artista que realizaba covers de temas famosos en estilo reggae: Peter Tosh. Por narices cuando descubrimos algo así tiene que incorporarse a nuestra banda sonora. Allí mismo escuchamos varios temas suyos que cubrían incluso a Queen, pero yo me quedo con «Johnny B. Goode» por mi afición al cine y a «regreso al futuro».
Cumpleaños fake y Premios RoberIncluido.
A la noche y como ya es tradición en nuestros viajes, celebramos el cumpleaños de nuestro compañero Pablo. No era su día, pero como el mismo dice, desde hace años lo celebra siempre dos veces: el día real, y en nuestro viaje cuando el resto decidamos. La sorpresa para siguientes viajes está en la coincidencia real entre el cumpleaños de Pablo y Floren. Por tanto, Floren, no tienes escusa y en el siguiente viaje te esperamos también a ti para celebrar dos cumpleaños fake.
El hotel fue muy amable y nos ubicó separados del resto de inquilinos para poder disfrutar de esta fiesta con mayor intimidad. Y no solo eso, sino que además nos cedió una sala para que pudieramos celebrar posteriormente la segunda edición de los RoberIncluido Awards. Seguro que próximamente se convertirán en unos premios fotográficos de referencia. Unos premios fotográficos que improvisamos en Rumanía y que nos dan vidilla y salseo durante el viaje para estimular nuestra creatividad y visión fotográfica.
En esta edición había 8 categorías y un premio especial final a la mejor foto. Las categorías eran: street, retrato, paisaje, nocturna, detalle, fauna, abstracto y por supuesto, la categoría trócolo (foto con pretensiones que resulta fallida). Y gracias a Sara por crearnos la imagen de los premios en sus ratos libres. Te debemos un café.
La gala se inició con una presentación amenizada por el cantante e incluencer local Sandaru Sathsra, a quien días antes habíamos descubierto y que tan buenos ratos nos permitió disfrutar. Os recomiendo ver sus videos en youtube.
Seguramente los profesionales opinarán otra cosa, pero yo nada más ver la primera ganadora por la categoría abstracto, me quedé flipando. Vaya FOTÓN. Esto marcó el nivel de las fotos presentadas que a mi gusto fue muy, pero que muy bueno. Enhorabuena a todos mis compañeros por esas obras presentadas, y por las que no enviaron y que a buen seguro son igualmente buenas.
Sugerencia para la edición 2025, mejor foto de intruso. Porque yo tengo a Pablo en un centenar de mis fotos y a Floren en otro puñado. Pero por lo que he oído, Beñat aparece en la mitad de las fotos de la gente del viaje. Grande Beñat 🙂
Y como esta vez y sin que sirva de precedente, yo conseguí alzarme con dos de los premios y otras dos menciones especiales del jurado. Ya por esto creo que merezco esta canción de Queen, «Gimme the prize«; ha sido todo un año de duro esfuerzo sobornando al jurado. Gracias al «parcial» jurado por confiar en mi, pero como quiero ser justo con todos mis compañeros y me inclinaré por este otro tema que me encanta: «I coul’da been a contender» de The Gaslight Anthem. Un tema que incluye referencias directas a la película «On the waterfront» donde el personaje de Marlon Brando lamenta una vida de oportunidades perdidas. Y si, estos premios son oportunidades perdidas para aquellos que hemos sido nominados en categorías que aun no hemos conquistado. Pero el año que viene, ¡vamos a por ellas!
Colombo y ¿fin del viaje?
El duo dinámico cantaba aquello de «el final del verano llegó, y tu partirás». En este caso no es el final del verano, pero si el final de nuestro viaje fotográfico a Sri Lanka. Un último día para disfrutar de su capital, Colombo, y donde nos metimos en el mercado callejero de Pettah. Apenas estuvimos en una calle que recorrimos varias veces arriba y abajo, y a la que Rober definió como «un lugar de oportunidades fotográficas infinitas». ¡Que razón tenía!
Tras visitar este mercado nos fuimos a comer. Nos llevaron a un centro comercial donde casi no conseguimos terminar la comida. No por abundante, que lo era, sino por el servicio. Si algo ha caracterizado a este país en nuestra visita es por lo lento e improductivo que es el servicio en la restauración. De hecho dos de nuestros compañeros casi se quedan sin comer porque nos marchábamos ya, y aun no les habían servido.
Aun así este retraso nos permitió dos cosas. La primera, poder hacer compras finales en dicho centro comercial. ¡Qué camisa tan espectacular me compré!. Fue ver a Beñat que se había animado con una, y no pude resistirme. Mi hermana me odiará cuando me la vea puesta porque se negaba a que la comprara, pero…
Y lo segundo, que por sugerencia de Sergio nos fuimos a visitar las zona del tren. Nos avisó de unos puentes sobre las vías que nos permitirían hacer fotos diferentes. Y si, tenía razón. Lo que no se si contaba es que nos lanzáramos a pasear por la vía para descubrir otros espacios de Colombo.
Y no nos quedamos contentos solo con esto, sino que aprovechamos que se acercaba el anochecer para cruzar una barriada de pescadores, para llegar a la playa donde terminar nuestro viaje con unas fotos de un nuevo atardecer.
Nos quedaba una última cena en Colombo para despedirnos y poner punto y final a este viaje fotográfico a Sri Lanka; de madrugada tocaba salir hacia el aeropuerto, y regresar a nuestras casas. Esta despedida que fue menos emotiva que en otras ocasiones me evoca a una canción de Extremoduro, «Salir«. Una canción que captura el espíritu rebelde y melancólico de la banda con el que me identifico bastante. Y que además aborda el deseo de escapar de la monotonía y buscar una vida más auténtica, que es lo que la gente de Sri Lanka vive cada día, y lo que a mi me gustaría poder hacer si mi mente y mi bolsillo me lo permitieran.
¿Hasta el año que viene?
Y como no hay viaje que hagamos en el que no tengamos una anécdota potente, que mejor que sufrir una cancelación del vuelo de enlace que nos tenía que traer hasta Madrid. Esto nos permitió una noche más juntos, esta vez en Estambul, donde poder volver a cenar y compartir momentos y reflexiones finales.
Aquí toca ya poner el punto y final a esta banda sonora. Y que mejor para ello que este tema de Berri Txarrak: «Ikusi arte» (hasta la vista en euskera). Un tema que habla de despedidas, pero con la esperanza de que exista un reencuentro. Reencuentro al que invitamos no solo a nuestros compañeros de este año, sino también a quienes nos han acompañado en pasados viajes y que estaremos encantados de recibir de vuelta en próximos aventuras fotográficas. Si no antes en alguna cena perdida durante el año.
TrackList de nuestro viaje fotográfico a Sri Lanka
Y tras acabar todo este extenso post, que mejor que dejar la lista completa de temas que conforman esta BSO de nuestro viaje fotográfico a Sri Lanka
- Happy together – The Turtles
- I predict a riot – Kaiser Chiefs
- I will survive – Sara Niemietz
- Comerranas – Seguridad Social
- El sitio de mi recreo – Antonio Vega
- Only time – Enya
- Walking on sunshine – Katrina and the Waves
- When yo’re gone – The Cranberries
- Burn – The Cure
- Calm after the storm – The Common Linnets
- Born to run – Bruce Springsteen
- Bus stop – The Hollies
- Hurt – Johnny Cash
- It’s a beautiful day – Michal Bublé
- Sunset – The xx
- Johnny B. Goode – Peter Tosh
- Señorita – Sandaru Sathsra
- I coul’da been a contender» – The Gaslight Anthem
- Salir – Extremoduro
- Ikusi arte – Berri Txarrak





















































































































































































